jueves, 8 de enero de 2009

EXTRANJERA EN MI CIUDAD, AMIG@S DE FOGUEO

El significado de volver es siempre distinto, aunque siempre se vuelva para retornar a lo conocido.
Volver es regresar al punto de alguna partida, donde ya se conocen las reglas y el tablero de juego pero los dados caen dirigidos por un entorno incontrolable. En mi circunstancia, lo opuesto a volver es ir, irse y dejar un vacio cuando no se està, un hueco que poco a poco y aunque se trate de evitar, crees que lo intentas, el tiempo va llenando de otras cosas que no son tú, otras vivencias que no has creado, un recuerdo que se va evaporando y te encuentras atrapada en un volver y un ir, dando manotazos en el aire intentando capturar el tiempo, el tuyo, que tú dejaste, ese hueco que creías te pertenecía, es el que otros han llenado para hacer la vida, su vida, más vida, para cerrar un circulo que siempre duele mientras está abierto, para cimentar un edificio cuyos pilares de cartilago se van calcificando y endureciendo y no estas tú. Reconocerse ausente duele, porque la ausencia de lo que se considera tuyo marchita el carácter, duele el dolor de sentirse alejado, crece y se transforma en carencia y la carencia encalla y se transforma en anhelo y estos siempre son ilusión. La ilusión de volver juega siempre malas pasadas, porque transforma la realidad a los ojos del que se ha ido, que congela una vuelta imaginada en sus ojos y espera recuperar en poco tiempo su tiempo. Pero ni el que vuelve es quién era ni la vida doméstica espera recuperar una pieza que se le ha ido, la rutina autocompleta sus vacios y eso significa quedarse fuera de la vida de los otros, que ya no respetan tu carencia.
La sensacion de vacío, la desazón de buscar el espacio que se ha perdido provoca un rechazo interno, síntoma inequívoco de la negación de una muerte que no se quiere. Asistir al entierro de tu recuerdo , a la desnecesidad de tu presencia, produce un desajuste en la maquinaria interna, como un mecano al que le han colocado mal todas sus piezas y la ilusión del anhelo cae pesada como un semana de lluvia, como un por què no resuelto.
Como un viajero en tránsito perpetuo no reconozco mi destino al llegar, veo mi ciudad ajena, sintiéndola sin sentir, arrancada, expropiada por el tiempo y la distancia. Ella ha crecido sin mí y yo no la he vivido. Esta ciudad que engulle al que se queda, que fagocita inquietudes y espanta al cambio, esta ciudad que es y no es la misma a la de entonces, de la que yo forme parte, esta ciudad que ya no es mía aunque yo lo quiera y me mira de reojo desconfiada, esta ciudad que da la espalda al que se va de ella, mi ciudad que ya no es mia, "es de otro como antes de mis besos" me pasa una factura demasiado cara cada vez que vuelvo pero no regreso.
Y vuelvo a dónde no soy, me marcho comiéndome el corazón, alimentándome de un problema no resuelto, con la gravedad del mundo en mis bolsillos arrastrando un vacio que me han devuelto. Es duro vivir ahora sabiéndose que ya no eres quien eras, que algo se perdió, se me escapo en este tiempo, algo se quedo atrás que no regresará conmigo, el tiempo que yo fui, mi espacio arrendado a otros. De golpe se me ha armado el alma. Ya no puedo volver. La ciudad, ajena; los amigos, de fogueo. No se puede luchar contra el tiempo. Ahíta de falta de ganas, de detalles insanos, de insistir sin resultados concretos...Perdida la ilusión del reencuentro, me vuelvo cargada de maletas, con el interior desierto. Endurecido y enfriado el carácter, sin ilusion por volver a volver.

1 comentarios:

David dijo...

Hola Perry, quiero hacer algunos comentarios respectos de tus reflexiones y vivencias acerca del partir o más bien de lo que dejas, abandonas…esos, esas, los que se quedan, la ciudad entre otras.

Los Grinberg dicen que la intensidad de los sentimientos y emociones de las personas van a depender del tipo de vínculo que has tenido con quienes dejas o abandonas. Si se trata de familiares muy allegados, resultará inevitable que experimenten vivencias de pérdida y abandono. Se sentirán invadidos por la pena y por sentimientos depresivos, no exentos de hostilidad hacia el que se va, la hostilidad se fundamenta en el sufrimiento que les ocasiona el hecho que te vayas. De hecho, se plantea que la separación se vive como la muerte, al parecer porque el tiempo entre irse y volver, puede llegar a constituir un gran cantidad de tiempo; podemos pensar en el exilio, el español es un buen ejemplo, 40 años tuvo que pasar para que las personas se volvieran a reencontrar, a otros les encontró la muerte, otros se enemistaron, en ocasiones se tolera mejor el enojo que la tristeza del alejamiento. De ahí la hostilidad, de ahí la intensidad de los reencuentros, las emociones encontradas, los roces familiares, las diferencias, los sentimientos de “que diferentes soy respecto de mis…”

En otras palabras cuando te vas vives un duelo, duelo por lo que dejas, duelo por la ciudad, duelo por los vínculos y duelo implica un proceso dinámico complejo que involucra a la personalidad total del individuo y abarca, de un modo consciente o inconsciente, todas las funciones del yo, sus actitudes y, en particular las reacciones con los demás.

La evolución normal y patológica de un duelo se debe a la existencia de dos tipos de culpa: la culpa persecutoria y la culpa depresiva. La culpa persecutoria determinará la aparición de duelos patológicos que, frecuentemente, presentan somatizaciones o desembocan en cuadros melancólicos u otras formas de psicosis. La culpa depresiva se manifiesta por la preocupación, la pena y una tendencia reparatoria auténtica que permite una mejor elaboración del duelo.

Como podemos ver, la emigración no es un hecho aislado que incumbe exclusivamente al sujeto que decide partir, existe una interacción, con consecuencias que atañen al individuo y su entorno.

La migración puede llegar a constituir un cambio catastrófico, en la medida de que ciertas estructuras se transforman a través de los cambios, pasando por momentos de desorganización, dolor y frustración. Estas vicisitudes, una vez elaboradas y superadas, darán la posibilidad de un verdadero crecimiento y evolución de la personalidad. No siempre sucede así, en lugar del cambio catastrófico, doloroso pero evolutivo, la experiencia puede terminar en catástrofe, pero no sólo para los que emigran sino para algunos de los que se quedan.

Bibliografía:

León Grinberg, Rebeca Grinberg. (1996) “ MIGRACIÓN Y EXILIO. Estudio Psicoanalítico. MadridEd. Biblioteca Nueva.
Calvo, F. (1997) “QUË ES SER EMIGRANTE” Barcelona Ed. La Gaya Ciencia.
Bennedetti, M. (1982) “PRIMAVERA CON UNA ESQUINA ROTA” Madrid, Ed Alfaguara.
Delibes, M. (1958) “DIARIO DE UN EMIGRANTE” Barcelona, Ed. Destino.
Grinberg, L. (1963) “CULPA Y DEPRESIÓN” Buenos Aires, Ed. Paidós. Edición española : Madrid Alianza Universidad Textos.
León Grinberg, Rebeca Grinberg (1971) ”IDENTIDAD Y CAMBIO” Buenos Aires, Ed. Kargieman; Barcelona, Ed. Piados-Ibérica. 1980.
(1965) “MIGRACIÓN E IDENTIDAD” Trabajo presentado en la Asociación Psicoanalítica Argentina.
(1982) “LA MIGRACIÓN Y LA CESIÓN: “DOS MIGRACIONES ESPECÍFICAS” Rev. De la A.P.D.E.B.A.,IV, I.