sábado, 9 de mayo de 2009

LAS ESTACIONES

En el jardin de mi casa hay un cedro. Es un árbol pequeño pero robusto. Por él, todas las estaciones dejan su huella. A finales de verano sus verdes hojas se van secando y su ramaje comienza a despoblarse. Pasa el invierno completamente desnudo, sin rastro de vida. Pero a comienzos de la primavera, unos pequeños brotes anuncian la vuelta del follaje. A veces me descubro absorta contemplando este árbol. Cada dia salgo al balcon a certificar su metamorfosis. El cedro va cambiando, poco a poco, sencillamente no es igual de un dia para otro. Ahora, tras una tormenta de primavera, sus hojas color vino tinto me han devuelto otra sorpresa. Comienzan a teñirse de verde. Así hasta que una mañana este totalmente transfomado y, llegado el verano, su verdor inunde el jardin y apenas pueda distinguirse el columpio que alguien colgó de una de sus ramas, visible aún.
Me gusta ese árbol. Si uno lo piensa, es pura metáfora de vida. El tiempo va pasando por nosotros y va dejando su huella. A veces el cambio no se produce de un dia para otro, o no lo esperamos. Y asi, hasta que un dia descubres algo en tu cara que antes no estaba. Te descubres diciendo y sintiendo cosas que nunca estuvieron en tu cabeza. Y mirando al cedro, pienso, que siempre debieron estar ahí, pero esperaban su estación para nacer.
Embelesada con el cambio del árbol, se me antojan miles de similes. Hoy me quedo con uno. El más amargo.
Las hojas que se van cayendo, las personas que van despoblando el arbol, tu vida, a medida que pasa el tiempo y que van dejando de ser parte de tu historia.
El cambio no se produce de un dia para otro, es lento pero al cabo de los meses te das cuenta de que se han ido, han dejado de ser parte de ti. Y da igual todo lo que hagas. Las estaciones pasan, lo nuevo sustituye a lo viejo, lo que esta por nacer no espera.
Al árbol lo puedes regar en otoño, pero por eso no le florecerán las hojas. Está en su naturaleza.
Ya puedo yo volcar el mundo y sacudirlo. Puedo no estar de acuerdo y luchar contra todas las inercias. Decirme a mi misma que no es cierto, que los tempos los manejamos nosotros, que las distancias estan sólo en las cabezas que no piensan. Pero miento si digo que la ausencia consentida no duele.
Y yo sigo tratando que mis hojas sigan siendo estúpidamente verdes durante todo el año. Y me digo que la distancia impuesta es un deseo de otros. Y descubro que se me amarga la sonrisa al ver cómo pasa el tiempo y al abrir los ojos, cada dia, sólo veo cedros. Y que yo, soy sólo una hoja que cayó quién sabe en qué momento del invierno.
Me gusta ese árbol de mi jardin. Me recuerda que todos somos cómo queremos ser. Hacemos lo que nuestra naturaleza nos dicta. El resto, es tiempo que pasa y hojas que se lleva el viento.

2 comentarios:

Natacha dijo...

Creo que la emigración se te está haciendo demasiado dura, querida amiga. Es muy evidente que el tiempo y la distancia pesan mucho. También lo es que si bajas el nivel de exigencia quizá sufras menos. Acepta lo que tienes como regalos, pues a veces, como dijo el filósofo, si lloras porque no ves el sol las lágrimas te impedirán ver las estrellas. Todos tenemos muchas decepciones a la espalda y si no echamos 'pelillos a la mar' ya estaríamos solos en el camino... Yo desde luego intento no hacerme mala sangre con las cosas malas y rescato las positivas. Sólo así dejarás de estar llena de resentimiento y podrás volver a disfrutar de quienes quieres.
Besitos miles de tu querida amiga,
Nat.

Perry dijo...

Oye, pásame el número del que te pasa la maría...y de tu proveedor de divanes...
Un consejo, no se deben lanzar afirmaciones tan atrevidas cuando no se conoce la verdad de las cosas y sólo se intuye. Corres el risgo de equivocarte querida amiga.
Un beso y aprende a utilizar skype, que la torpeza solo existe com resignación. Filósofa!!! Jajajaja