La capacidad de inmovilidad del ser humano es proporcional a varios factores, uno de ellos es ese terror a lo desconocido que nos impide dar a veces, demasiadas, un paso al frente, hacia atràs, hacia cualquier lado. Simplemente, nos impide reaccionar.
Los "y si" que nos estallan en la cabeza cuando se nos plantea una situación nueva que, a gritos, nos esta pidiendo un cambio de estratégia nos anclan al suelo, a una vida cómoda, a un devenir amodorrado de nuestros dias donde el más minimo cambio de planes se materializa como una enorme barrera imposible de traspasar.
El miedo que paraliza viene a veces vestido de dulce rutina, otras de inesperado cambio. Las más, de decisión acuciante, bifucación de caminos.
Demasiadas opciones a nuestro alcance exigen un esfuerzo de elección que muchas veces no estamos dispuestos a llevar a cabo. El "mañana será otro día" cubre nuestras inquietudes de un opaco envoltorio que enviamos al trastero del olvido. Acurrucado en la sección de anhelos pendientes, se evaporará de nuestras necesidades inmediatas para surgir con más o menos fuerza segun se nos presente de nuevo la misma o parecida ocasion de resucitarlo.
Cuántas cosas hemos dejado de hacer por miedo. Cuántas dejaremos de hacer a lo largo de nuestra vida por el pánico al cambio.
Aguantar en un trabajo que no nos gusta, que nos atontece, que nos anula.
Soportar la presencia de alguien a nuestro lado que nos derrota psiquicamente, que nos atormenta y nos castiga.
Dejar pasar un comentario hiriente, una acción éticamente y/o moralmente incorrecta porque "no es asunto nuestro".
Ahorrarnos una conversación a tiempo con alguien a quien queremos para pasarnos años pagando un precio demasiado alto.
No actuar a tiempo, no recocer los errores, no tener predisposición al diálogo.
Renunciar a un sueño porque nunca fue el momento adecuado; por el que dirán mis padres, mis amigos, mis hermanos, por el que dirán.
El miedo tiene muchos aliados: el ridículo, el fracaso, la negación, la rutina, el orgullo, la norma, la correción, la vergüenza, la pereza, la envidia, los celos, el egoismo, el cinismo, el engaño, la decepción...
Todos ellos en sus más multiples combinaciones nos congelan e impiden que hagamos aquello que realmente deseamos.
Empezar a soltar lastre, autoafirmandonos, dándonos la razón sin esperar la aprobación de los otros, aprendiendo a caminar de nuevo es un ejercicio fácil de proponer pero harto dificil de llevar a cabo. El miedo siempre provoca lo que uno teme.
Pero siempre hay un incio. Una espita que se abre, un clic!, un resorte que nos lanza hacia eso que tememos pero que a ciegas, sin saberlos, estamos buscando, deseperados.
A veces la clave la tiene una palabra, una frase, un amigo, una imagen, una melodia.
A veces, somos tan torpes que creemos que no somos nosotros los que debemos provocar el cambio.
A veces, idiotas, pensamos que es mejor dejar las cosas quietas mientras la vida va pasando.
miércoles, 24 de junio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario