No puedo evitar una media sonrisa, socarrona y un tanto amarga. Ese tipo de sonrisas que muestran la lástima hacia los sentimientos o las palabras del otro. Ese tipo de muecas que sólo merecen los pobres de pensamiento, los más pobres de entre todos los pobres. No puedo evitarla digo, cuando escucho a una mujer con cierto acento andaluz, decir que ella se siente catalana y europea, pero no española. Lo dice con cierta rabia, churumbel en ristre, relamiéndose en cada una de sus palabras, saboreándo la dureza de, lo que ella piensa, un puro escopetazo de palabras que la autofirman en su pequeño mundo, en su minúscula comunidad. Yo me pregunto desde cuándo se plantea esta mujer sus reivindicaciones nacionalistas. Quizás, su primer pensamiento lo tuvo viajando en autobus, por la costa de valencia, alla por los años 60, mientras comia un bocadillo de chorizo que su madre, jiennense como ella, le daba para merendar. Cuánto queda , mamá? Y mamá le decia que ya mismo, que estaban a puntito de llegar a casa. Esa casa, que ella dejaba atrás se convertia en nación a medida que el sueño la apoderaba. Y cuando se despertó, se cercioró de que toda esa miseria de la que huía quedaba lejos, bien lejos, y la arrugó junto con las sobras de su bocadillo tirándo sus raíces al cubo de basura de su nacion de acogia.
Cataluña es una gran tierra y una gran comunidad autónoma de España, un pais con sus grandezas y sus miserias, con su historia y su pasado. Un pais con una diversidad muy rica. Esa diversidad es la que hace que los españoles de cataluña sientan su diferencia como la sienten los andaluces de jaén. O quizás no. Quizas haya catalanes que se sientan solo catalanes y no sientan su pertencia a su pais como yo la siento aqui, en medio de europa, en una pis que no es europa, en una pais que me aprecia y me respeta porque soy española. Porque es fuera de tu pais cuando empiezas a amarlo, a apreciarlo con sus virtudes y sus fallos. La distancia te deja espacio al análisis y el chovinismo se vuelve critica y los nacionalismos se evaporan. Solo se vive España y cada una de sus tierras es la tuya. Y cada una de sus provincias son la mia. Porque España no es solo mi ciudad, donde yo nací, ni mi comunidad autónoma. España es mi origen y mis raices. Y su historia, la de todas sus tierras hasta ser hoy lo que es, han conformado de una u otra manera mi caracter. Despreciar eso es darse por perdido, como es darse por perdido cerrarse a lo externo. Acuñar una nacionalidad hermética, sin capacidad para el mestizaje de cuerpos y de mente. Una nacionalidad que levante muros en lugar de construir espacios de encuentro, es algo oscuro, algo rancio que sólo perpetua clichés y se abstiene en cada votacion de cambio. Esa mujer, que estalla de nacionalismo catalán rechazando a España me produce cierta tristeza. Qe se gana con restar cuando lo verdaderamente bonito y apasionante es ir sumando.
domingo, 13 de septiembre de 2009
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