Esa cosa traicionera que te sale de las tripas cuando las emociones suben de temperatura. Eso es la identidad. Claro que explicarle esto a un suizo no es facil. Ayer hice el intento, aprovechando una tarde de team-building apero. Me enganché a un tipo con apellido imposible y vaso de clarete en ristre fuimos planchado los cliches de uno y otro bando. El tipo no fue escogido al azar. El monsieur me esquiva desde hace tiempo porque es uno de esos que no consiente que un extranjero trabaje en su pais. De esos conozco yo muchos en España. Aqui no iba a ser diferente. Y mira que el 40% del canton donde vivo lleva entre los dientes el permiso B, que te identifica como marciano extrasuizo, pero en tiempos de crisis, ya se sabe. Hasta un enano con bigote y de Valladolid puede convertirse en el mejor presidente del pais eternamente emergente.
Volviendo al caso, tras varias idas y venidas al tintorro, el señor me recoce que es de ascendecia alemana. Et alors??? Que le haces. Lo matas? No, te ries y le dices que España pasa lo mismo internamente. Se mira con cierto recelo al que es un poco diferente. Aun recuerdo el comentario de una madrileña cuando le dije que era de Sevilla. “Ah, si, vosotros, la gente de provincias...” jajajajajajaja. Menudo problema tendria la chica con Copernico. Para ella el mundo giraba en torno a Madrid.
Ah, la identidad. La mia ahora mismo anda gastronómicamente revuelta. La idea de tomarme una tostà con pan de mollete me revoluciona. Con qué poco la conformo. Bueno, con eso y con un par de frescas en El Salvador. Aich, si al fin y al cabo, una es de lo más sencillita. Unas gambitas blancas de huelva, un jamoncito de la serrania de idem, esa manzanillita fresca, una melvita de almadraba...
Mi santo me dice que la identidad es algo que se puede educar. Mmmmbueno, yo no estoy tan conforme. Uno tiene la identidad que tiene, su poso, su queseyo que lo hace diferente. Es cierto que con el paso de los años uno va “educando” su identidad, le toma las riendas y trota màs acompasada pero poco màs. Cambiar lo basico amigos es simplemente hablar de otro producto. Por eso, yo he aprendido a vivir con mi identidad. La asumo y la defiendo en la medida de mis posibilidades. La educo un poco, a veces se me desboca. Ese gesto me hace vivir a conciencia suelta. Sencillamente no me da gana de renunciar a mi marca registrada. Otros, sin embargo, van cambiando de embalage y con el cambio perdiendo ingredientes de la formula madre. Quizas el producto nunca fue bueno del todo. O simplemente soy yo la que me equivoco. No se, quizas el zinc de las gambas arroje un poco de luz sobre este asunto. Quizas, quizas, quizas...
miércoles, 7 de octubre de 2009
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