viernes, 27 de octubre de 2017

El miedo

El miedo nos paraliza, nos llena de dudas. La opción que nos parecía adecuada, salta en pedazos cuando una opinión externa viene a descomponerla y a anularla. La falta de seguridad propia, azuzada por el miedo, no logra esquivar el temor, el pavor a no ser aceptado, a no ser comprendido. La visión externa de mis actos, el "qué van a pensar de mi", gana la partida y nos enroca a veces en situaciones estúpidas, dolorosas, vías muertas. Sin poder salir del atolladero, entran en juego las opciones de supervivencia: desaparecer, evaporarse y no dar la cara, no enfrentar el problema, disolverlo como un azucarillo y remover la culpa esperando que alguien consuma el brebaje. Hay muchas maneras de hacer frente al miedo. Una de ellas, la más difícil pero la que ofrece mejores resultados, es correr hacia él. Enfrentarlo, desmontar sus argumentos como un lego. Analizar cada pieza del monstruo para comprender cuales son las partes más dañinas de cada pieza, las que deberían encajar de otra manera o ser cambiadas para pasar de problema a solución. Cuando se tiene una responsabilidad diferente a la individual, el miedo propio, no puede anteponerse al bien colectivo. Se trata de darle todo el sentido a la "función pública". Cuando se ejerce, no se debe pensar en el "yo", es obligado pensar en el bien colectivo, al que se sirve, al que se prometió servir. No se trata de ser épicos, se trata de no anteponer los intereses personales al marco colectivo. El mal, esa retorica populista y descerebrada de algunos "servidores públicos" que se pasan horas buscando el twitt más incisivo y mortal, con el que quieren jusficar el salario que ganan y el apoyo de sus huestes, a las que niegan convenientemente la información veraz, es un cancer que crece, sin tratamiento. No interesa. La masa, cuanto menos informada, más enrabietada y más atacada en el sentimiento, mejor. No estar a la altura es uno de los mayores complejos humanos. El miedo hace que para salvar los muebles, cometamos errores que costarán años resarcir. El miedo, cuando se enfrenta al miedo da como resultado la cobardía, la inacción. El miedo a no actuar da alas a los que quieren la destrucción. Lo hemos visto demasiadas veces ya. Pero no aprendemos. No aprenden los que gobiernan que están ahí por mandato del pueblo que es el único soberano. El único al que deben servir. No aprenden aunque lo saben. Pero, al recordarlo, tienen miedo. Tienen miedo de representar los intereses del pueblo porque han antepuesto los suyos. Tienen pavor de hacer el trabajo por el que el pueblo soberano les otorgó el puesto que ahora ocupan. Uno tiene miedo a gestionar los intereses de todo un país,y duda. Duda de todo. El otro, tiene miedo porque sabe muy bien que no está defendiendo el bien de todos los ciudadanos que él representa. Y ante el choque de miedos, la cobardía de no hacer lo que se debe. Uno, ejercer el poder del pueblo soberano. El otro, defender los intereses de todos aquellos a los que la institución que él gobierna representa. Y tras ese baile de cobardías, a lo lejos pero cada vez ms cerca, se divisa ya el caos. Alimento para populistas y masa cegada por engaños. Y eso si, da mucho miedo.

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